El ‘nobel de la informática’ reconoce a dos profesores que sentaron las bases del lenguaje de programación.

La asociación que concede el premio Turing destaca la labor divulgativa de Alfred Vaino Aho y Jeffrey Davil Ullman para varias generaciones de científicos y estudiantes

Hay personajes cuya influencia es extraordinaria en nuestra vida cotidiana, pero que apenas son conocidos por el gran público. Es el caso del canadiense Alfred Vaino Aho (79 años), profesor emérito de la Universidad de Columbia, y del estadounidense Jeffrey David Ullman (78), profesor emérito de la Universidad de Stanford, quienes han sido distinguidos este miércoles con el premio Turing de 2020, conocido como el nobel de la informática. El galardón lo entrega cada año la Asociación para la Maquinaria Computacional (ACM por sus siglas en inglés) entre quienes hayan contribuido de manera destacada al avance de la ciencia de la computación.

La ACM asegura en un comunicado en su página, que Aho y Ullman se han hecho merecedores del premio por su contribución al diseño y análisis de los algoritmos, por contribuir a los fundamentos de los lenguajes de programación de los ordenadores y su compilación, y por sintetizar estos resultados en sus libros, muy influyentes, “que han educado a varias generaciones de científicos informáticos”.

Tal y como destaca la ACM, ambos profesores sentaron las bases de un elemento clave en los ordenadores: el compilador. El software (programa informático) que hace funcionar cualquier dispositivo tecnológico con el que interactuamos ―desde un teléfono móvil a un servidor gigante― está escrito por humanos en un lenguaje de programación de nivel superior que luego es traducido (compilado) para su ejecución por la máquina en un código de nivel inferior. Un compilador, explica Ricardo Peña, catedrático de Lenguajes y Sistemas Informáticos de la Universidad Complutense de Madrid, “es un tipo de programa muy complejo encargado de dicha traducción, que se realiza en varias fases”.

“En primer lugar, hay un análisis gramatical, en el que es imprescindible una teoría llamada de autómatas. A continuación, se produce la detección de errores, tanto gramaticales como de las reglas semánticas del lenguaje. Después, se genera el código y por último, tiene lugar la optimización”, detalla Peña. “Tanto Ullman como Aho son pioneros en este tema de la compilación; en análisis de la complejidad de los algoritmos y en bases de datos. Y sobre todo, han volcado muchas energías en poner al alcance de los estudiantes toda esa información de forma asequible para su estudio”.

 

En en esa faceta pedagógica de ambos galardonados insistió este miércoles el presidente de la ACM, Gabriele Kotsis, quien, en la comunicación del premio, recordó que “la programación informática y el desarrollo de sistemas de software cada vez más avanzados sustentan casi todas las transformaciones tecnológicas que ha experimentado la sociedad en las últimas cinco décadas”. Y añadió: “Si bien numerosos investigadores han contribuido a estas tecnologías, el trabajo de Aho y Ullman ha sido especialmente influyente. Han sido líderes de opinión desde principios de la década de 1970 y su trabajo ha guiado a generaciones de programadores hasta el día de hoy”.

Jeff Dean, vicepresidente senior de la división de Inteligencia Artificial de Google, destacó también muy especialmente la labor divulgativa de ambos profesores. “Sus libros de texto han sido el estándar de oro para capacitar a estudiantes, investigadores y profesionales”, afirmó.

Aho y Ullman son coautores de nueve libros. En su comunicado, la ACM destaca dos de ellos, El diseño y análisis de los algoritmos computacionales (1974), uno de los primeros libros sobre algoritmos disponibles para estudiantes, y Principios del diseño compilador (1977), conocido como “el libro del dragón” por el diseño de su portada y que es todavía hoy el manual más usado en la asignatura del mismo nombre. A estos dos libros, Peña añade un tercero sobre estructuras de datos y algoritmos (1983), escrito junto con otro autor (J.E. Hopcroft), que también se ha convertido en un clásico en la Ingeniería Informática.

Aho y Ullman obtuvieron su doctorado en la Universidad de Princeton antes de unirse a la compañía estadounidense de desarrollo científico Bell Labs, donde trabajaron juntos desde 1967 hasta 1969. Ese año Ullman comenzó su carrera en el mundo académico y finalmente se unió a Universidad de Stanford, mientras que Aho permaneció en Bell Labs durante 30 años antes de unirse a la de Columbia.

El premio fue instaurado en 1966 en honor del matemático inglés Alan Turing. Está dotado con un millón de dólares que se repartirá entre ambos profesores. Turing es considerado uno de los padres de la informática moderna y fue un personaje clave para desentrañar el código Enigma, con el que los nazis cifraban sus mensajes durante la Segunda Guerra Mundial. Perseguido y condenado por su homosexualidad, se suicidó en 1952 ingiriendo cianuro. A partir de este año, la efigie de Turing será el nuevo rostro en los billetes de 50 libras (58,7 euros) en el Reino Unido.

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